Yolanda Mora

Artista de la libertad y del ritmo que surge del misterio mismo de la creación. Pintura emancipada que lleva el sello de origen de todo acto estético; movimiento emocional que surge desde lo más apartado del ser interior y de la antítesis del academicismo abstracto.

 
 

En Marte, la invención

por Esteban García Brosseau (abril, 2021)

 

Artista enamorada de la libertad, Yolanda Mora pinta dejando que sólo sea su interior el que dicte aquel ritmo que rechaza de manera consciente, pero que sería difícil negárle a su obra acabada. Este ritmo, no obstante, no es el que impone la razón sino el que surge del misterio mismo de la creación. Como pintura libre, la de Yolanda Mora, lleva el sello del origen de todo acto creativo, nebulosa que marca la puesta en movimiento en medio de la más negra oscuridad, empezando por la del universo, que, sin embargo, nos ha hecho nacer y del que desde entonces formamos parte. “Figuración interior” es, quizás, la mejor expresión para designar la actividad creativa a la que se entrega Mora porque ésta participa de movimientos emocionales que surgen desde lo más apartado del ser interior y de ninguna manera constituyen un academicismo “abstracto”.

En la pintura de Yolanda Mora se reconocen movimientos del alma, eventos interiores, que tienen todos los matices de la sensibilidad, desde la ligereza de la felicidad hasta las honduras a las que abre la contemplación, reflejos que aparecen a la superficie de un cenote del que nadie conoce la profundidad y de cuyas aguas surgen de pronto reminiscencias de seres indefinidos, -a veces apenas unos haces de luz animada-, que parecen hacernos una señal. Frente a esta pintura, se establece un diálogo con aquellos susurros que se escapan del más profundo secreto interior, el de la artista, como el del observador: “un pensamiento pictórico”, se podría decir con la pintora. Frente a tales milagros uno se imagina a los primeros pintores de Lascaux, en el fondo de su útero-caverna, creando, de la nada, todo, al darle vida a aquella otra figuración interior, plasmada con pigmentos naturales que perviven también de algún modo en los lienzos de Mora. Sin duda uno puede evocar aquí a Bataille cuando nos dice: “el hombre de Lascaux [¿y que impide que sea la mujer?] creó de la nada este mundo del arte donde comienza la comunicación de los espíritus”. Y ni modo para aquellos que no creen en la magia de los comienzos oponiéndole la aburrida insensatez de la historia. La libre creación es el acto de resistencia por excelencia, y aunque se ejerza desde los más recónditos interiores, sólo ella lleva la verdadera promesa de una autentica revolución.